martes, 13 de marzo de 2012

El camino para emprender: Crea un negocio desde cero


Emprender es una opción, más ahora que está difícil conseguir trabajo en empresas de terceros y, como muchas otras cosas, se puede interpretar como un proceso.

Dicho proceso tiene unas entradas, que podemos considerar que son: nuestra ilusión por empezar un negocio, los medios que tenemos a nuestro alcance (financiación, equipos y maquinaria, materiales, personas,…), una idea de producto o servicio e información en diversas materias relevantes para la labor emprendedora (fiscal, laboral, mercantil, contable, negocio,…).


Estas entradas, también llamadas “inputs”, las podemos aportar todas nosotros, en nuestra labor emprendedora, o bien podemos contar con la ayuda de un tercero. Por ejemplo:

Le pedimos asesoramiento en materia mercantil a un experto, para que nos asesore sobre la mejor fórmula a la hora de constituir la sociedad que será el soporte de la actividad a desarrollar, así como los acuerdos pertinentes con los socios (si los hubiera).
Solicitamos financiación a un banco o a un equipo de business angels, para poder hacer frente a los gastos que supone el emprendimiento y el inicio de la actividad empresarial.
La idea puede ser original (algo novedoso), o bien, puede ser algo que exista ya en el mercado y que lleve funcionando un tiempo. Por ejemplo, cuando los fundadores de Google pusieron en marcha su buscador, ya había varias decenas de sitios webs que ofrecían búsquedas en páginas web. Su idea existía (un buscador de Internet), pero la evolucionaron hasta un punto diferente y que triunfó en el mercado (anuncios patrocinados separados de los resultados).
Una vez que tenemos todas las entradas necesarias para poder emprender, se necesita un “disparador”. Es decir, es preciso ponerse en marcha y dar el paso. No todo el mundo es capaz, no vale hacerlo de cualquier manera, pero hay quien se atreve a hacerlo sin tener todos los “inputs” (entradas) necesarios y consigue buenos resultados. Por ejemplo, hay quien emprende sin disponer apenas de capital y confía en poder captarlo más adelante, cuando la idea sea ya una realidad, o esté próximo a ello.

Una vez que se pone en marcha el proceso, el esfuerzo y el sacrificio son las constantes que la mayoría de los emprendedores dicen necesitar. Unas veces sirven para sacar adelante el proyecto de empresa, otras veces no.

La mente abierta y la capacidad de evolucionar, son otras de las capacidades y palancas fundamentales en cualquier proyecto de emprendimiento. Quien le iba a decir a Google que su sencillo buscador, que nación como una simple cajita y una lista de resultados, iba a terminar convertido en una corporación gigante con una gama de productos y servicios como la que ofrece en la actualidad, la mayoría, además, sin coste para sus usuarios.

En este sentido, yéndonos a un ejemplo más sencillo, podemos pensar que un restaurante puede abrir pensando en que va a ofrecer comida todos los días de la semana y luego resultar que su mercado es el del menú del día, para atender a profesionales que comen fuera de casa, y eventos de empresa, para lo cual hará falta capacidad de visión y transformación. La otra opción, la de empeñarse en ir contra el mercado, puede ser muy peligrosa y llevar al cierre del negocio.

Mientras el proceso de emprender sigue su curso, se irán produciendo una serie de salidas o, como les gusta llamarle a muchos consultores, “outputs”. Estos son fundamentales para la supervivencia del negocio a lo largo del tiempo, ya que de ellos depende la viabilidad del mismo. No tiene sentido meter unos “inputs” en un proceso para obtener como resultado “nada” a lo largo del tiempo. Pura lógica.

El primer output deseado es cerrar una venta con el primer cliente. Cuando digo “cerrar”, me refiero a completar el ciclo de venta completo y, por tanto, cobrar por nuestro producto o servicio. Automáticamente, en ese momento, se suele disparar de manera incontrolable en el cuerpo del emprendedor otro “output”, que es el de la “máxima satisfacción personal”.

Luego van llegando más outputs, no sin sacrificio y esfuerzo, que ya dijimos que es una constante: ingresos por ventas posteriores, nuevos clientes, personas que se unen al equipo para generar más outputs, entre otros. También llegan outputs en forma de obligaciones, como son el pago de impuestos, pagos a proveedores y nóminas, la devolución del capital recibido para iniciar el proceso de emprender, cumplir con los seguros sociales, entre otros. No todo iba a ser derechos y beneficios.

Y así, mientras le eficiencia del proceso de empresa sea la adecuada, es decir, mientras las cuentas salgan, el proceso del negocio que se empezó desde cero, sigue su curso. Una y otra vez, ejercicio tras ejercicio.

Conclusiones

Emprender e iniciar un negocio no es fácil, se necesita tener una visión adecuada de lo que ello supone. El esfuerzo y el sacrificio son necesarios, pero también una visión global que contemple el punto de partida, los pasos a dar y los objetivos y resultados deseados. Quien emprende sin tener esto claro, es como el que sale al mar en un barco sin velas ni rumbo definido, quedando expuesto al capricho de las corrientes y del viento, que acabarán llevándolo hasta alguna tempestad que provoque su hundimiento.

También es importante tener los pies en el suelo y ser realista, aunque nunca viene mal soñar y pensar en que emprender es hacer algo grande. Lo es, claro que sí, pero también es peligroso, si dejamos que los outputs generados nos cieguen y nos hagan pensar que podemos conseguir cualquier cosa que nos propongamos. Todo tiene un límite, la competencia reacciona o puede surgir, si no existiera, así que no podemos creernos inmortales e inmunes. Torres más altas han caído.

La mejor receta para empezar el proceso de emprender, es arrancar. Pensar en él negocio, iniciando la generación de entradas o “inputs” y tenerlas a punto para el momento en el que esté disponible el “disparador”. Nunca es tarde si la dicha es buena, ni tampoco demasiado temprano, si la cabeza y las ganas acompañan.

Fuente: Blog de Sage

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