Las buenas
causas que mueven a los empresarios sociales se han convertido en un filón
laboral que genera nuevas profesiones y oportunidades de negocio. No se habla
sólo de filantropía sino de eficacia, profesionalización y estrategia para conseguir
rentabilidad y fuentes de financiación.
En el entorno
económico, político y social se reclama un aumento y potenciación del espíritu
emprendedor. Pero la realidad en España es que a los que deciden poner en
marcha un negocio se les tilda casi de locos. Si además la empresa tiene una
orientación social, la desconfianza va en aumento. Pero ¿qué es un emprendedorsocial?, ¿qué les diferencia del resto de nuevos empresarios? Aunque no hay una
definición consensuada, el rasgo distintivo de estos profesionales es la
motivación. No se mueven por un beneficio económico o una salida profesional.
Lo que quieren es lograr un cambio social.
Para María
Zapata, directora de operaciones internacionales de Ashoka en Europa,
"ante todo, poseen dos atributos sobresalientes: una idea innovadora que
produzca una mejora concreta y específica, y una visión emprendedora para
llevarla a cabo". Estas iniciativas tienen en común que quieren generar
una transformación profunda y duradera en la sociedad y no buscan sólo ganar dinero.
Rachida
Justo, experta en gestión emprendedora del IE Business School, asegura que
"el 90% de estos emprendedores son sin ánimo de lucro y se diferencian de
una ONG en que, ante un problema concreto, su enfoque es novedoso, siempre
buscan algo distinto". Sin embargo, el catedrático y director de la
Escuela de Emprendedores Sociales de la Universidad Autónoma de Madrid, Isidro
de Pablo, apunta que "con frecuencia estos empresarios no se consideran
emprendedores, porque les mueve un afán de acción o de protesta. Y su objetivo
no es conseguir dinero, sino cambiar algo. Para ellos el dinero es un medio, no
un fin. Y a menudo no conocen la envergadura y alcance del proyecto en el que
se han metido".
Campo de actuación
El
emprendizaje social es una actividad que no ha hecho más que despegar en
nuestro país. Según el último informe del Global Entrepreneurship Monitor (GEM)
en España sólo un 0,5% de la población adulta está involucrada en tareas de
emprendimiento social, frente a más de un 2% de Estados Unidos, Reino Unido o
Finlandia. Desde Ashoka consideran que este bajo índice tiene su origen en un
problema cultural: "no tenemos una cultura de riesgo y del fracaso y nos
gusta ir sobre seguro". Por eso, aún son pocos los profesionales que se
embarcan en estos proyectos. Entre los que lo hacen, se pueden distinguir
varias formas de operar. Según De Pablo hay dos modelos diferentes: "El
emprendedor proactivo y autosuficiente, más propio del mundo anglosajón, que se
caracteriza por trabajar de forma autónoma y responsabilizarse en primera
persona de una causa; y el empresario social, más común en los países latinos,
que se centra en denunciar, reclamar, reivindicar y que, con su forma de
actuar, plantea una demanda al estado de bienestar".
Cómo son
El perfil de
estos empresarios tiene unas características que los diferencian de los demás.
Para Otilia de la Fuente, directora general de la Universidad Europea de
Madrid, "es, sobre todo, la ilusión. Están llenos de fuerza y con muchas
ganas de dar notoriedad a sus causas con el fin de generar cambios. Suelen
tener estudios universitarios pero, ante todo, son personas con valores muy
fuertes como el liderazgo, la creatividad, la honradez o la coherencia".
No obstante,
sacar adelante una empresa social requiere otras cualidades.
Zapata hace
especial hincapié en que "deben ser personas perseverantes y dispuestas a
redefinir y readaptar su idea, ponerla a prueba y luego difundirla hasta que se
constituya en un nuevo patrón para la sociedad en su conjunto, compartiéndola
con otros".
El sistema de
trabajo y la organización de estas empresas no difiere demasiado del de otros
negocios. Aunque, como señala De Pablo, "para los emprendedores sociales
no existe la palabra competencia, sino cooperación y creación", deben
recordar que para que su inicativa funcione de verdad no hay que centrarse sólo
en el objetivo social y tienen que cuidar mucho todas las áreas de la gestión
empresarial. En esta línea, el catedrático de la Universidad Autónoma reclama
"más profesionalización. Deben saber gestionar equipos, utilizar mejor los
contactos y hacer un detallado plan de márketing".
También es
vital cuidar la parte financiera. Su objetivo no es ganar dinero, pero
necesitan recursos para tener libertad de actuación. "Una cosa es no
lucrarse, y otra es no querer beneficios. Las empresas sociales han de ganar
dinero para reinvertirlo en proyectos", explica Alberto Fernández,
profesor de IESE.
Como
cualquier otra empresa recurren a capital propio e inversores informales, pero
también a subvenciones y donativos particulares, y ayudas de la Administración.
Pero a menudo les cuesta encontrar apoyo moral y, sobre todo, organizativo.
"La mayoría coinciden en que se sienten sólos y aislados y para dar
continuidad a su iniciativa ponen en marcha otro negocio independiente, para
que sus beneficios sufraguen el proyecto social. Lo malo es que entonces tienen
que gestionar dos negocios", señala Justo.
Una forma de pensar y actuar
1. El
emprendedor social aplica soluciones prácticas a problemas sociales combinando
innovación, captación de fondos y oportunidad.
2. Con su
forma de actuar (y de denunciar) se exponen a riesgos personales y políticos.
3. Según el
GEM existen cuatro tipologías: ONG, organizaciones sin ánimo de lucro, híbridas
(con ingresos propios y donaciones) y asociaciones con ánimo de lucro.
4. Según los
datos de Ashoka, el 94% de sus emprendedores sociales sigue trabajando en su
idea original cinco años después de su puesta en marcha. Diez años más tarde la
cifra se mantiene en el 83%.
5. A los
cinco años de su lanzamiento, el 93% ha conseguido que su idea sea replicada e
imitada por otras organizaciones.
6. Un 56%
consigue, en cinco años, cambios en política pública, cifra que sube hasta el
71% en el periodo de diez años.
Fuente: Expansion


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