1. Contestar a
la pregunta ¿Qué tienen que suceder para
que el proyecto se convierta en un éxito rotundo? Nos indicara aquellos puntos
a cumplir para que podamos decir que hemos triunfado. Sin embargo no debemos
quedarnos aquí, visualicémoslo. La imagen de la consecución del resultado, ya
sea mediante pensamiento, o si el trabajo es más complejo mediante una
descripción por escrito, nos motivará. En ambos casos identificamos el concepto
a desarrollar o el problema a solucionar de forma genérica.
2. Que se nos
demanda y que queda fuera de esta demanda. Entramos en el detalle de las
especificaciones del proyecto. Por una
parte describimos cuales son aquellas cosas que debemos tener en cuenta, aquellas sobre las cuales actuaremos mediante
nuestras acciones, pero a la vez debemos marcar una línea que defina claramente
lo que dejamos fuera. Dicha línea a
veces es tenue y no definirla al inicio del proyecto puede inducir al error,
malbaratando tiempo y esfuerzo en acciones que acabarán en nada.
3. Seamos
flexibles al planificar y dinámicos al redistribuir las tareas cuando estemos
en marcha. No asumamos el calendario como un dogma. A día de hoy con tantos factores que disgregan nuestra
rutina, en forma de interrupciones y asuntos que alteran nuestro plan de
trabajo, sumados a los problemas de carácter técnico que retrasan de por si la
ejecución de las tareas, convierten las fechas límite en una mera declaración
de intenciones.
4. El equipo,
siempre el equipo. Busca su compromiso
y su complicidad. Si eres jefe de
grupo crea un ambiente participativo donde todo el mundo pueda aportar lo mejor
que sabe hacer, escucha su opinión sin olvidar que tu eres el que manda. Si
eres un miembro del equipo, da lo mejor de ti y habla con los demás si crees
que puedes aportar algo diferente o si hay algo que te impide despegar. Una
declaración de intenciones a realizar antes de empezar y renovar en cada
reunión de seguimiento.
5. El hombre
orquestra ha muerto, trabajamos en red, siempre hay un equipo detrás. Apóyate
para marcar la diferencia. Aunque seas tú el único que trabaja en un proyecto
alrededor tienes personas que te ayudan, estén presentes físicamente o en tu red de contactos. Antes de iniciar un
proyecto identifica las situaciones clave, los posibles problemas y a las personas en que te puedes apoyar para
resolverlos.
En definitiva
administrar proyectos no es tan solo preparar una tabla de secuencias de
tareas, marcando sus fechas límite y rezar para que se cumplan. Más allá de
todo eso hay una serie de factores que pueden ayudarnos a conseguir el éxito, o
enviar-nos al fracaso si no los tenemos en cuenta.


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