lunes, 10 de enero de 2011

Quién te dijo que emprendieras?



Miles de personas se suman al mundo empresarial sin cuestionarse antes si están preparados, si la idea es buena o si quieren hacerlo. Todo lo contrario, lo empujan.
Hace unos días revisé añejos videos en VHS y me topé con varios capítulos de Sábados Gigantes de la época de Mandolino y del Clan Infantil, pero sin duda que me llamó mucho la atención el concurso “Igualito a”, muy repetido hasta hoy pero jamás igualado a lo que hacía Don Francisco.
En varios pasajes de ese concurso, donde aparecían imitadores de Sandro, Camilo Sesto, Vicky Carr y muchos más, llegaban personas que definitivamente no tenían parecido alguno al personaje que se buscaba imitar. Ni por cara, pinta, voz ni rasgos… ¡nada!
Entonces Don Francisco lo miraba bien serio y le preguntaba al o la concursante, “¿Y a usted quién le dijo que se presentara a este concurso?”. La respuesta siempre era “mi esposa”, “mi mamá”, “mi mejor amigo” o alguien muy cercano al cuestionado participante. Entonces el animador miraba al cielo y le respondía “lo debe querer mucho para haberle dicho que se parecía”.
Eso ocurre muchas veces en el mundo del emprendedor. Hay varios que creen que emprender no cuesta, que cualquiera puede, que es cosa de “tirar para adelante” y punto. A eso se suma que muchos nos incentivan a emprender y nos dicen que se puede, que se debe, que es cosa de ponerle ganas y se alcanza el éxito.
¿Y quién nos dice que es difícil? O quizá más relevante aún: ¿Quién nos dice si YO PUEDO? Hay personas que de verdad, jamás podrán emprender, ya sea por ganas, por convicción, por redes, por necesidades… quizá más adelante, quizá su tiempo pasó, pero HOY no es recomendable que emprenda. Y como nadie lo dice y ocurre lo contrario, tenemos personas poco comprometidas con sus negocios, que buscan subsistir más que perdurar, que manejan los aspectos netamente comerciales del negocio y nada más.
No quiero generalizar, somos miles los emprendedores comprometidos con la transformación de una idea en una empresa, considerando todos sus factores. Pero son más los engañados, a los que se les incentiva a emprender pero no les enseñan a mirarse al espejo y reconocer sus falencias para luego mejorarlas.
Un espejo podría enfrentarnos con la realidad, pero cuesta ver aquello que muchas veces no queremos ver. Nos hace falta un Don Francisco, que nos mire de pies a cabeza, casi con cariño pero con firmeza, que nos pregunte “¿Y a ti, quién te dijo que podías emprender?

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