lunes, 17 de enero de 2011

La Financiación Del Emprendedor


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Uno de los aspectos que más imponen a cualquier persona que quiere emprender un negocio es el financiero. Poner en marcha una empresa cuesta dinero, y en muchas ocasiones esta necesidad de liquidez es superior al efectivo del que dispone el propio emprendedor.

El emprendedor puede contar con alguna ayuda a través de los institutos de promoción económica de las distintas Comunidades Autónomas, que se pueden materializar en subvenciones o créditos blandos (a interés muy bajo, o incluso cero); también en muchos ayuntamientos cuentan con viveros de empresas, que proporcionan una infraestructura a los nuevos emprendedores (oficina, teléfono, fax, Internet), a un coste muy reducido o cero.
Sin embargo, todas estas ayudas, aun estando bien, no suelen ser suficientes, o no sirven para determinados negocios. Y en cualquier caso, el emprendedor debe contar con un colchón monetario con el que poder afrontar sus pagos, mientras su empresa no empieza a generar ingresos de forma suficiente.

Hoy en día, la financiación bancaria es complicada para todo el mundo, pero puede ser misión imposible para alguien que está empezando. Aun así, hay posibilidades, si se tramitan las solicitudes de crédito con el apoyo de una Sociedad de Garantía Recíproca, que puede proporcionar un aval al pequeño negocio ante la entidad financiera, facilitando la obtención del préstamo.

Otras formas de financiación muy habituales para el que empieza son las llamadas 2 F’s, que serían la familia y los amigos (Family & Friends). Es decir, pedir prestado a aquéllos que nos aprecian. Para ello, es bueno pedirles una vez que uno ya agotado su propio capital, para que vean que se está comprometido con el proyecto.

Una ventaja de esta fuente de financiación es que muchas veces no van a querer intereses, ni van a apremiar al emprendedor para que les devuelva el dinero en un plazo de tiempo reducido. Sin embargo, también es cierto que muchas amistades y relaciones familiares se han estropeado por dinero, así que hay que tener cuidado.

Hay quién añade una tercera F, correspondiente a la palabra inglesa Fool (=idiota), que serían aquellas personas a las que se engaña para conseguir el dinero, pero esta vía, lógicamente, es menos recomendable.

Una opción menos conocida y que funciona bastante bien en determinados negocios es la figura del business angel, que son inversores privados que bien a título particular, o bien a través de una red de inversores, inyectan dinero en una sociedad que está empezando o consolidando su modelo de negocio.

La escuela de negocios IESE cuenta con una red de business angels, que analizan unos cincuenta proyectos al año. Cada emprendedor cuenta con diez minutos para captar el interés de estos inversores por su proyecto, y la inversión media suele estar entre 100.000 y 300.000 euros. Los sectores más habituales en los que inyectan capital son la programación, la biotecnología e Internet.

El business angel suele invertir en el capital de la empresa, y por lo tanto la suya es una aportación a largo plazo, que espera recuperar a través de los beneficios que genere ésta, es decir, no trata de hacerlo en plan especulativo, sino que pretende hacerlo en un plazo de al menos cinco años.

La figura del business angel lleva relativamente poco tiempo funcionando en España, pero en otros países como Estados Unidos, Inglaterra o Alemania funcionan desde hace décadas, y cuentan con una atractiva fiscalidad (deducen el 20% de lo invertido en empresas).

Quizás la potenciación de este tipo de inversores sería un aspecto interesante a considerar por parte de nuestros políticos.

Fuente: pysnoticias

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