jueves, 20 de enero de 2011

Emprender, la opción para la mujer

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La vida de la mujer es ajetreada, con mucha actividad y movimiento a causa del trabajo, el hogar, la familia y el tan llamado sentirse profesional. El querer conciliar se hace complicado por los horarios, la presión, el trabajo y la realidad tozuda de que en este país, ellas se han incorporado al trabajo, pero lo maridos y hombres no han entrado en el hogar.


Se levantan igual que ellos, posiblemente incluso antes por la necesidad de disponer de tiempo para arreglarse y ponerse guapas. A ellas les encanta ir impolutas, coquetas, impecables y sentirse guapas. Se enfrentan enseguida al hogar, a tener que arrancar el día con toda la energía para que la casa se mueva, los niños se vistan, desayunen y no olviden las “malditas” mochilas del colegio con sus batas, bocatas y deberes hechos.

Dejados los niños en el colegio, se desplazan a velocidad de vértigo hacia su puesto de trabajo. Decir que muchas de ellas pueden tener la ayuda, posiblemente la única, de que sus maridos lleven los niños al colegio. Luego, ya no los verán hasta la hora de cierre del día.

Ya en el trabajo, tienen que demostrar más que nadie el puesto que desempeñan. Algunas de ellas son muy buenas como directivos (no es de extrañar ya que son mejores personas) y tienen que abrirse camino constantemente entre directivos hombres que las ven con recelos, y entonces se sienten todavía más presionadas. El estrés laboral se acentúa, sin poder aparcar al cien por cien su mente en las otras tareas que todavía les queda por hacer ese día: lavadoras, llenar la nevera, secadoras, que la ropa esté bien planchada (especialmente las camisas de su marido), recoger a los niños, los deberes, las cenas, las extraescolares, etc., etc.

Al llegar la casa, tienen que ir haciendo paradas por las distintas tiendas del barrio. La fruta ecológica, el pescado y carne para los niños (que no falte un mercado cerca de casa o del trabajo), y resto de alimentación y utensilios para el hogar. Pueden que tengan ayuda doméstica pero nunca resuelve del todo la presión de llevar el hogar como ellas quieren.

Los deberes y las extraescolares llenan la tarde, no con desesperación de ver que los niños se toman su tiempo y avanzan a paso de tortuga. Se preguntan que hacen en el colegio o si el niño en cuestión tendrá que repetir curso.

Empalman con la cena. Cena para todos y el marido sigue sin aparecer por casa. Posiblemente no es su culpa ya que él también tiene un horario maldito y una presión feroz para cumplir con los grandes objetivos de la empresa. La empresa se ha vuelto en un enemigo de la familia ya que no se entiende el papel de ella para con la sociedad. Está solo pensada para dar beneficios a sus accionistas, pero no a sus trabajadores que con la excusa del puesto de trabajo ya se tienen que sentir contentos y agradecidos.

Se dan las cenas, y con un verdadero multitasking, se hacen lavadoras, se tiende ropa, se organiza en cajones, etc.etc. Llega en ese momento su marido, con el tiempo justo para dar dos besitos a los niños.

Puestos los niños a dormir, es hora de hacer las mochilas del colegio del día siguiente. Los bocatas no se hacen solos. El chándal está sucio o roto y hay que urdir un plan alternativo para que el niño pueda ir igual que los demás, no sea que se sienta desplazado o reciba “mobbing”.

Y al final del día y una cena rápida con el jefe del clan, un poco de TV. Apenas unos minutos porque caen rendidas y dormidas, pero no pueden y el inconsciente las despierta. Están siempre activas.

Así es difícil conciliar. La solución pasa por EMPRENDER. Si trabajasen para ellas, podrían disponer de más tiempo para ellas y para organizarse mejor. Talento tienen, responsabilidad y madurez también. Podrían manejar las horas con una productividad altísima para así poder gozar de un día real. Además ganarían más, dispondrían de más tiempo, podrían gestionar los contratiempos como niños enfermos, puntas de trabajo, e irían más desahogadas.

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