jueves, 11 de noviembre de 2010

La parálisis por el análisis (o como no hacer nada)

El miedo a la toma de decisiones es uno de los elementos que ralentiza la marcha de muchos negocios, a veces hasta puntos difícilmente asumibles. Frases como “hay que analizar absolutamente todos los costes”, “no podemos salir sin tenerlo todo controlado”,… tienen su lógica, pero pierden el sentido cuando nos quedamos inmóviles por miedo a equivocarnos o a que algo se nos haya escapado. Las empresas necesitan acción.


Esta situación, e nivel empresarial, es comparable al dicho popular que reza “no salgas de casa, no vaya a ser que te caiga una maceta”. Tal cual. No hago tal cosa, no vaya a ser que la fastidie y me lo pienso todo “muy muy muy muy” bien antes de hacer nada. Error y de los gordos. Hay que evitar estas trampas que nos convierten en mármol empresarial ¿Qué tenemos que hacer para no convertirnos en estatuas inmóviles?

Buscar la perfección es bueno, pero no hasta el infinito y más allá. En todo proyecto hay un límite.
Conocernos a nosotros mismo y ser conscientes de nuestras limitaciones, tanto intelectuales, como físicas.
Pedir ayuda a otros profesionales cuando la necesitemos, en cualquier ámbito: desde la asesoría que nos resuelve el tema de las nóminas, hasta al estadístico que nos modela un problema.
Ser valientes y dar el paso cuando llegue el momento, afrontando las consecuencias y aprendiendo de los errores (que es una de las mejores formas de adquirir conocimiento, por desgracia). Huye de las disculpas fáciles.
No ser kamikazes: una cosa es arriesgarse, otra cosa es suicidarse, empresarialmente hablando.
Evitar hacer caso de comentarios alarmistas injustificados, de quienes no tienen conocimientos o a quienes el miedo a lo desconocido les supera.
Trabajar planteando diferentes escenarios, analizándolos y haciendo un esfuerzo para localizar los límites razonables del problema (lo peor, lo mejor, lo deseado, lo razonable,…).
Pide sólo las opiniones necesarias y a quien pueda ayudar. Hay auténticos especialistas en sembrar dudas.
Ninguno de nosotros tiene una bola mágica que prediga lo que va a ocurrir cuando lanzamos un producto nuevo, un proyecto o adoptamos una política nueva a nuestros clientes. Sí podemos hacer una buena previsión y estudios previos correpondientes, que son fundamentales aunque nunca suceda exactamente lo que se planea. Como decía un antiguo jefe mio: “Lo único que sabemos es que lo que no va a ocurrir es lo que hemos escrito en el Plan de Marketing”. Tal cual. Tampoco cuando hacemos una quiniela. Trabajábamos con escenarios, así que estábamos tranquilos porque al final sabíamos por donde se iban a mover las cosas.

Que viene el coco. Que no. No sé si crear la empresa y lanzarme o seguir analizando el mercado (hasta que llega otro y te pisa la idea). Esto es como la Fórmula 1, cuando se pone el semáforo en verde, comienza la carrera y todos los competidores ponen sus bólidos a tope, tratando de sacar el mayor provecho posible a todos sus recursos. No implantar mejoras para esperar a otras que vengan en el futuro. No compro este software porque el año que viene llega la nueva versión ¿Dónde está el análisis coste-beneficio y la comparativa de quedarse sin hacer nada o mover ficha?

Fuente: Blog de Sage

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