miércoles, 24 de noviembre de 2010

El síndrome del impostor

El síndrome del impostor, no confundir con la enfermedad de Capgras, es un importante problema que sufren algunas personas que alcanzan el éxito y puede afectar al entorno laboral de una manera nada desdeñable pues se trata de un sentimiento ligado al desarrollo profesional.



El problema radica en la autoestima del profesional que no posee la suficiente confianza como para procesar el éxito como algo positivo. Esto supone pensar que no lo merecen o que al alcanzarlo los demás tienen una perspectiva sobre él superior a su verdadera capacidad. Por tanto se creen impostores.

Partimos de un problema de autoconcepto que choca con los éxitos profesionales logrados. El éxito por tanto no se ve como algo natural y merecido sino como una imposición no merecida y un aumento de la presión social sobre su persona que le lleva a activar varios procesos defensivos.
El síndrome del impostor se define como un sentimiento profundo de falta de autenticidad que tienen personas con una exitosa carrera respecto a su autoimagen de competencia. Los logros no son suficientes para tapar las dudas respecto a sus habilidades y no se creen merecedores de los mismos. Este sentimiento de ser “farsantes” les causa una honda preocupación porque se descubran sus verdaderas habilidades y queden como auténticos incompetentes ante sus compañeros. Por esto su lucha contra el fracaso se vuelve una obsesión, empeoran sus relaciones en la empresa y la confianza en sus compañeros.


Investigadores como Pieper, Clance, Holland, Chrisman y Glickauf-Hughes han ligado este síndrome a otros problemas como pueden ser la depresión, la baja autoestima, la frustración, la falta de autoconfianza y la imposibilidad de alcanzar unas altas pretensiones sociales, por lo que realmente podría ser una manifestación de esta suma de factores vinculados a su vez con el éxito profesional. En muchos casos se liga el síndrome a empresarios que han dado “el pelotazo” y no se sienten lo suficientemente preparados para gestionarlo.


Muchas personas pueden pensar que este problema es baladí pero además de afectar a estas personas puede influir profundamente en el clima laboral y a las relaciones jerárquicas que existen en la mayoría de empresas. Si una persona encargada de coordinar a un grupo de personas siente que es un fraude posiblemente sea un líder reservado, déspota, desconfiado y temeroso de perder su puesto por lo que sería capaz incluso de frenar el crecimiento profesional de las personas a su cargo.


Una actitud como esta también puede paralizar al profesional en el momento de tomar decisiones fundamentales para el negocio dado el gran miedo al fracaso que pueda “descubrir” su verdadera cara ante los demás.


Si vamos más allá podríamos determinar algún tipo de vinculación entre el enchufismo y este síndrome en aquellos casos en que las personas sepan que sus capacidades no son suficientes para el puesto desempeñado pero yo diferenciaría entre “ser un impostor” y “tener la percepción de serlo”.


Este último caso es el que podemos considerarlo realmente un problema ya que lo primero, aunque pueda manifestar los mismos resultados, parte de procesos cognitivos distintos. ¿Crees haber conocido alguien con este problema?, ¿Te has sentido alguna vez como un impostor?

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