lunes, 8 de noviembre de 2010

Cómo reconocerse emprendedor. Autoexamen

Para cualquier desafío es necesario conocer el propio potencial. Hay que medir la distancia que va del gran sueño al emprendimiento real, y a partir de ahí saber si somos capaces de recorrer ese camino. ¿En qué consisten esas capacidades? ¿Cuál es el perfil de un emprendedor?

Iniciar un negocio compromete nuestra vida, no sólo nuestras finanzas. Un emprendimiento modifica las relaciones familiares y nos obliga a pensar en si el futuro traerá seguridad o zozobra. La mejor manera de tomar una decisión, antes de comenzar con un proyecto, es desplegando todos los recursos disponibles para que podemos reconocer en ese mapa personal las fuerzas y las debilidades entendiendo que uno es el primer capital para empezar cualquier cosa. Hay ideas estereotipadas del modelo empresario, aunque sabemos que no todos son iguales. Sin embargo, hay rasgos comunes que siempre se presentan en los empresarios exitosos.

Disponer de gran energía. Debemos estar convencidos de que el proyecto será un éxito y no darnos por vencidos ante la primera dificultad. Con la iniciativa para asumir el mando, seremos responsables de pedir, delegar y supervisar, tres verbos para tener en cuenta. La pasión tiene que estar presente en todas sus formas como una gran energía física y mental para perseguir el sueño. Que no nos intimiden las dificultades y podamos cuidar nuestro proyecto con vehemencia.

Pensar como emprendedor. La originalidad y creatividad son pilares básicos para encontrar ideas innovadoras y soluciones y atreverse a reconocer caminos diferentes de los ya transitados. El sentido crítico nos ayudará a no perder perspectiva para evaluar nuestras acciones y poder analizar –en términos prácticos, teóricos y abstractos– cómo va la marcha de nuestro proyecto.

Disfrutar de los desafíos. Aún en el entusiasmo y la pasión que nos despierta lo nuevo, podríamos atravesar una situación de estrés. Debemos ser capaces de manejarlo para garantizar un resultado final sin decaer ante los momentos difíciles. En estas situaciones justamente donde se pondrá en juego nuestra capacidad de organización sin perder flexibilidad.

Los obstáculos son una oportunidad para probar nuestra claridad mental y velocidad de respuesta. Las relaciones personales. Es imprescindible mantener relaciones armoniosas con el equipo, con los pares, y con la comunidad que rodea nuestro emprendimiento.

La armonía surge de la buena disposición para trabajar en conjunto, de no desanimarse cuando los resultados no son los esperados. De un emprendedor se espera un liderazgo capaz de motivar con sabiduría y humildad a los integrantes del proyecto.

Habilidad para las comunicaciones. Comunicarse es siempre una ida y vuelta. Tenemos que alcanzar la excelencia a la hora de transmitir ideas y conceptos. ¿La clave? Ser claros, concisos e ir siempre al punto principal. Escuchar a los demás es garantía para que la comunicación no se corte nunca. Escuchar a los demás es siempre una posibilidad de conocerlos mejor y comprenderlos. Las buenas comunicaciones despejan el panorama.

Tener conocimientos técnicos. El terreno donde nos movemos tiene que resultarnos conocido. Debemos tener el suficiente conocimiento del proceso productivo y comercial de los bienes o servicios del mercado en que queremos intervenir como emprendedores. Así y todo, es saludable contar con un equipo de expertos a quien consultar sobre asuntos puntuales.


Analicemos nuestras respuestas al siguiente cuestionario y tendremos un mapa de las fortalezas y debilidades que poseemos. Conocer esta información es fundamental para saber en qué áreas necesitamos capacitación:

1. ¿Me gusta asumir responsabilidades?

2. ¿Me considero una persona creativa y abierta para explorar nuevos caminos?

3. ¿Soy capaz de arriesgar mi trabajo estable y seguro económicamente para emprender algo nuevo?

4. ¿Acostumbro a planificar mis acciones y evaluar luego los resultados de acuerdo con las metas que tracé?

5. ¿Me gustan las cuestiones relacionadas con marketing y finanzas?

6. ¿Me gusta trabajar en equipo?

7. ¿Puedo conducir un equipo de trabajo?

8. ¿Encuentro en los problemas una oportunidad de superación?

9. ¿Me gusta asumir riesgos?

10. ¿Persisto con mis ideas aún en la dificultad?

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