jueves, 25 de noviembre de 2010

Cómo convertirte en un Emprendedor Zen : Los arquetipos


Las cuatro habilidades básicas

Hasta ahora hemos visto la importancia y la utilidad que tiene seguir tu camino económico personal. Sin embargo aún no hemos dicho de qué depende ese camino o, en otras palabras, qué características personales definen tu perfil emprendedor.



Por Eduardo Remolins

Hay cuatro características de personalidad básicas que van a influir en el modo en que desarrollas cualquier actividad económica:

1. Tu capacidad para innovar (intuición),
2. Tu sentido de la oportunidad o timming (percepción sensorial)
3. Tus inclinaciones analíticas (introversión) y
4. Tu inclinación para relacionarte con otras personas (extroversión).

Estas inclinaciones (y sus correspondientes habilidades) surgen de dos polaridades. La primera polaridad (Intuición – Sensación) está relacionada con cómo percibimos la realidad. La segunda polaridad (Introversión – Extroversión) está relacionada con dos tipos de actitudes u orientaciones y tiñen fundamentalmente toda nuestra vida de relación (2).

Las inclinaciones relativas de cada persona dentro de esas dos polaridades no sólo forman su personalidad sino que definen cuál es su perfil emprendedor y por lo tanto su camino personal para triunfar económicamente. Cada uno de los ocho perfiles diferentes está identificado por un “arquetipo”. Los ocho arquetipos son:

1. El Inventor
2. El Artista
3. El Capitán
4. El Canciller
5. El Mercader
6. El Coleccionista
7. El Tesorero
8. El Arquitecto


Cada uno de ellos representa una forma distinta y especial de hacer negocios. Ninguna es mejor o inferior a otra, todo depende de nuestra personalidad, y todas son complementarias en cierta medida. Los arquetipos describen la naturaleza de un perfil económico y del camino o estrategia adecuado para él. Por lo tanto, facilitar el camino al éxito económico requiere hacerse dos preguntas esenciales:

1. ¿Cuál es mi perfil y qué características tiene?
2. En base a mi perfil ¿cuál es mi mejor estrategia para desarrollar una actividad económica?

La primera pregunta se desarrolla en cuatro aspectos:

a. ¿Cuál es mi percepción?
b. ¿Cuál es mi actitud?
c. ¿Cuáles son mis fortalezas?
d. ¿Cuáles son mis debilidades?

La segunda pregunta comprende tres aspectos:

a. Cómo crear valor.
b. Cómo apalancarlo.
c. Quiénes son mis aliados naturales.


Todos tenemos un perfil principal y uno o dos subsidiarios. Esto quiere decir que tenemos una fuerte orientación hacia un arquetipo, pero cierta familiariedad con otras formas de desarrollar negocios. Conocer el arquetipo que nos corresponde y la estrategia adecuada al mismo (es decir, responder las dos preguntas anteriores), equivale a contar con un sistema de guía en nuestra actividad empresarial.


El arquetipo como sistema de navegación.

El arquetipo es a nuestro trabajo lo que un sistema de navegación es a un avión. Un avión está fuera de su ruta más del 90% del tiempo. Sólo llega al destino fijado porque el piloto (humano o automático), corrige permanente y sistemáticamente el curso de vuelo durante el viaje. Alcanzar un objetivo económico (o cualquier objetivo vital), es similar a conducir un avión en dirección a un destino particular.

La “nave” tiende naturalmente a salirse de curso. Los vientos, turbulencias o las imperceptibles diferencias en la potencia de los motores modifican el curso trazado y hacen necesario ajustar el rumbo durante todo el viaje. El camino para alcanzar una determinada situación económica o desarrollar un proyecto específico también enfrenta desviaciones a cada paso. Obstáculos, desafíos, pérdida de foco o claridad, distracciones, hacen que debamos reorientar nuestra ruta permanentemente.

No se trata de no apartarse nunca de la ruta trazada (algo casi imposible), sino de corregir el rumbo todas y cada una de las veces que nos apartamos de él. Para eso sirve tu arquetipo: para conocer tu perfil y la estrategia que mejor se adapta a ese perfil. Es el navegador de tu avión, el que te va a ir orientando y ayudando a corregir el rumbo en las miles de decisiones que deben tomarse en la actividad emprendedora.


Los ocho arquetipos

Cada arquetipo, como dijimos, tiene la capacidad de brindarte una importante cantidad de información valiosa para definir tu estrategia económica más adecuada. Sin embargo, es posible definir los trazos principales de cada uno en pocas palabras, de manera de conocer lo que tiene de particular cada uno de ellos y lo que lo diferencia de los demás caminos. A continuación podrás ver la presentación y las características principales de cada uno de los arquetipos.


El Inventor

El Inventor es el maestro en el arte de la innovación de producto. Es un creador nato. Su pasión (y habilidad) principal está en crear nuevos productos y servicios, pero también estrategias o empresas. El Inventor es un intuitivo, eso quiere decir que tiene gran facilidad para innovar y para ver el panorama completo, para tener la gran visión del producto, servicio, empresa o estrategia que quiere crear. Sin embargo, eso significa también que suele tener poco apego a los detalles. Disfruta iniciando, no siempre finalizando, lo que se propone. Suele no ser bueno completando los proyectos.

Los Inventores pueden ser de dos tipos: introvertidos o extrovertidos. El Inventor introvertido es un gran creador de productos y servicios. El Inventor extrovertido, por su parte, tiene mayor tendencia a crear su propia empresa, a veces como vehículo para sus invenciones.


El Artista

El Artista es el maestro en el arte de crear marca. Como el Arquitecto y el Inventor es un intuitivo y eso lo hace creativo. Pero a diferencia de ellos tiene una personalidad extrovertida y por lo tanto fuertemente orientada a las relaciones públicas y la interacción social. Esto significa que disfruta y busca la exposición pública. De hecho, cuando el artista brilla, atrayendo la atención, es cuando está dando lo mejor de sí.

Un Artista crea reputación y un halo de interés alrededor suyo, eso es lo que le permite vender. El producto es él mismo. Tener un arquetipo de Artista no quiere decir que uno esté inclinado hacia las artes o el mundo del espectáculo. Un caso típico es el de los estilistas que comienzan a hacerse conocidos en su salón y saltan a la fama a través de sus clientas o participaciones en programas de moda.

Casi invariablemente el resultado es una línea de productos capilares con el nombre/marca del estilista. Lo mismo se puede decir con médicos “mediáticos” (que desarrollan programas o productos para dietas), médicos veterinarios (que desarrollan líneas de comidas para mascotas) o atletas reconocidos que prestan su nombre para productos deportivos.


El Capitán

El Capitán es el maestro en el arte de liderar. Es posiblemente el mejor gerente de todos los arquetipos. Si principal habilidad se encuentra en inspirar y brindar confianza a su equipo sacando lo mejor de cada persona.

Para liderar un equipo lo principal no es el grado de innovación y creatividad del líder (como el de un Arquitecto, un Inventor o un Artista). Tampoco una habilidad superior para detectar los datos y señales del mercado (como la de un Coleccionista, un Mercader o un Canciller). Lo esencial para conducir es la capacidad de relacionarse y de conectarse con los miembros del equipo. Transmitir confianza y generar espíritu de cuerpo.


El Canciller

El Canciller es el maestro en el arte de la negociación y los acuerdos. También tiene una copiosa agenda de relaciones y asociados de negocios, como el Capitán, pero la usa no para vender o crear un equipo, sino para imaginar y cerrar negociaciones. Compras y ventas de empresas (M&A), bienes raíces y los medios y la industria del entretenimiento son sectores especialmente propicios para los Cancilleres.

Mientras que los Artistas son caracteres extrovertidos que tienden a hacer que el mundo gire alrededor de ellos, los Cancilleres son personalidades más atentas a los que lo rodean que a sí mismos. Un Canciller estudia meticulosamente a su interlocutor en la búsqueda de indicios o información que pueda servirle en una negociación actual o futura. El Artista HABLA, el Canciller ESCUCHA.


El Mercader

El Mercader es el maestro en el arte más antiguo de los negocios: el arbitraje. Su premisa en sencilla: comprar (donde o cuando es) barato y vender (donde o cuando es) caro. Este arquetipo tiene un perfil totalmente sensorial. Eso quiere decir que percibe la realidad a través de sus sentidos y, a diferencia de los intuitivos, “cree lo que ven sus ojos”. Es eminentemente práctico y puede vérselo en un rosario de actividades que van desde la actividad bursátil y financiera, hasta la venta al por menor de bienes de consumo.


El Coleccionista

El Coleccionista es un maestro en el arte de invertir a largo plazo. Cultiva la paciencia, tanto para decidir cuándo, como para encontrar el momento indicado para vender (invariablemente, mucho más tarde). El Coleccionista es un acumulador nato. Por eso es factible encontrarlo como inversor bursátil (desarrollando lo que se conoce como “inversión de valor), o como coleccionista (literalmente) de joyas u obras de arte.

El Coleccionista huele donde hay un activo que tiende a apreciarse. Sus estrategias son conservadoras para el que las observa de lejos. Tiene una increíble sangre fría, indispensable para resistir cualquier tentación o situación estresante cuando los mercados bajan. El Coleccionista saber capear los temporales y mirar SIEMPRE a largo plazo. Una cartera de largo plazo no se desarma por entrar en pánico en una crisis bursátil.


El Tesorero

Los Tesoreros son maestros en el arte de administrar el dinero. Si los Capitanes son ideales para administrar equipos, los Tesoreros hacen lo propio con los flujos de dinero. Absolutamente inclinados al análisis y los números por sobre las relaciones personales, son también en este aspecto la contracara de los Capitanes. Además, si un Canciller va creando un trato a fuerza de reuniones y almuerzos, el Tesorero, cuando tiene algo que negociar, simplemente establece lo que tiene para ofrecer y para pedir, y el tiempo que dura la oferta.

Un Tesorero exitoso es alguien que se ha ingeniado para adquirir activos generadores de ingresos. A diferencia del Coleccionista no crea valor por la apreciación tendencial de esos activos, sino por la administración de los flujos de dinero que generan esos activos.


El Arquitecto

El Arquitecto es el maestro en el arte de diseñar y crear sistemas. Si el Inventor crea productos y el Artista marca, el Arquitecto crea sistemas. Intuitivo e innovador, pone su creatividad al servicio de crear una forma de que su negocio funcione en piloto automático, o lo más parecido a eso que pueda.

Dado que el Arquitecto tiene tendencia reflexiva, prefiere también el análisis a la interacción personal. Si el Artista pretende ser insustituible, el Arquitecto pretende todo lo contrario, que su negocio funcione con independencia de su presencia. El Arquitecto exitoso es alguien que ha creado un eficiente sistema de producción, venta y distribución para un buen producto.


De la teoría a la práctica

Hasta aquí hemos visto la presentación “teórica” de los arquetipos (o perfiles emprendedores) y sus principales características. Sin embargo, tan importante como su definición, es saber qué significa para nosotros, en términos prácticos, el arquetipo que nos define. En la última parte se presentan casos prácticos y conocidos de empresarios y empresas, para ilustrar qué significa y cómo podemos utilizar mejor el conocimiento de nuestro arquetipo. 

Fuente:1000 Oportunidades  

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