viernes, 15 de octubre de 2010

MÍRESE AL ESPEJO, HALLARÁ SU PROBLEMA Y TAMBIÉN HALLARÁ SU SOLUCIÓN

Uno de mis personajes favoritos, Winston Churchill, dijo una vez, “La Verdad es Incontrovertible. La Maldad puede atacarla y La Ignorancia puede negarla, pero al final saldrá siempre a la luz.” Ahora les presento la versión de Bill Bailey. “Si usted comienza con la Verdad, usted terminará con ella.”

Por William E. Bailey


Las cosas que yo creo, las cosas que yo pienso, las cosas que yo siento, pueden o no ser verdad. En cambio las cosas que experimento son verdaderas. El lugar donde está usted ahora es la suma total de cada experiencia que usted ha tenido en su vida. Usted tuvo la oportunidad de decir “si” o decir “no”. Por cualquier cosa buena que le sucedió, usted debería reclamar los créditos por eso. Y por cualquier cosa mala que le haya sucedido, también deberá reclamar los créditos para usted, porque pudo decir “si” o decir “no”.

En el lugar en el que se encuentre estará bien, porque usted estará allí, ya que si todo hubiera resultado distinto a como sucedió en su vida, usted no estaría allí. Incluso usted podría no haber sobrevivido La dirección es crítica. Una cosa si les puedo asegurar después de años de observaciones, La Vida da muchas vueltas! Todas las posiciones son temporales. Dé una Mirada alrededor suyo. Le guste a usted o no, mírese al espejo y verá sus problemas y también sus soluciones.

Siendo muy joven aprendí mi primera lección sobre motivación, “la ausencia de opciones generará una muy rápida y poderosa decisión”. Yo nací y crecí en las Colinas de Kentucky, que todos conocen como Los Apalaches. Nosotros la llamábamos simplemente la planicie pobre. Éramos once niños en la familia. Teníamos seis acres en terreno plano, el resto estaba en las colinas. Sembrábamos con mulas. Yo nací en 1930, no había carreteras asfaltadas hasta que cumplí 15. Tuvimos electricidad cuando tuve 16. Nunca tuvimos instalaciones de agua en el interior pero éramos una familia, caminábamos juntos los domingos hasta la iglesia y teníamos un sentimiento muy inusual de vivir en comunidad.

Un día cuando tenía 15 años, estaba sembrando maíz. El ultimo periodo de siembra es en agosto y justo en agosto hace mucho calor y mucha humedad. Bien, eran como las tres de la tarde y estaba sembrando en un lugar llamado Dorsey Holler. Yo como muchos de los jóvenes del lugar, decidí dejar de sembrar y estaba ideando una buena mentira para decírsela a mi padre si me preguntaba porque había dejado de sembrar. Me detuve en un gran árbol y até la mula, me senté y comencé a liar un cigarrillo. En ese momento escuché una voz que decía “Maldición, ¿qué crees que estás haciendo?” Y en esas apareció mi padre como una nube de tormenta por estallar, yo rápidamente ensayé mi major mentira y dije, “Mira, la tierra está muy dura y la mula no quiere jalar el arado.” El me preguntó, “¿Le pegaste a la mula?” Yo le dije, “NO”. Él me contestó, “Mira hijo escoge o tu golpeas a la mula o yo te golpeo a ti.” ¡Yo golpeé a la mula!

Esta es la siguiente lección. Es una pena que debamos esperar que algo afuera de nosotros mismos nos obligue a hacer algo que deberíamos haberlo hecho por nuestra cuenta. ¿Por qué esperé que alguien me forzara a hacer algo que era mi deber?

Todos nosotros deberíamos estar agradecidos de contar con la más maravillosa de las herramientas del mundo que se llama el cerebro humano. Mis primeros ocho años de colegio los pasé en una escuela de dos habitaciones. Un Ministro Bautista llamado Woody Craft fue nuestro profesor. Woody me enseñó algo que nunca olvidaré, porque me hizo un tipo afortunado al mostrarme una ventana hacia un mundo increíble.

Cada Viernes, después del almuerzo a la 1:00 p.m., juntaba a los dos salones y nos leía libros como “La llamada de la Selva” y “Robinson Crusoe”. Los leíamos en voz alta representando a los personajes. Yo pensaba, “Dios que fabuloso mundo de aventuras tengo al alcance de mis manos.” Así yo aprendí a amar la lectura. Después de aprender a leer, aprendí algo más para perfeccionar mis hábitos de lectura.

Debido a que éramos muy pobres usábamos lámparas de kerosene y mi padre no le gustaba que tuviéramos las lámparas prendidas mucho rato. Cuando él decía que apagáramos la luz, solo quería escuchar el click, o sea el sonido que hace la lámpara al apagarse. Así yo aprendí lo que ahora algunos enseñan como Lectura Veloz. Bien, yo aprendí a leer rápido debido a mi padre. Para cuando él llegaba a casa yo tenía que haber cortado la leña para la cocina, ayudar a ordeñar la vaca y alimentar la mula, así para cuando tenía tiempo de leer sólo me quedaba media hora de luz solar al día. A fuerza de necesidad, aprendí a leer un párrafo de manera que lo absorbía y lo gracioso de esto era que al absorberlo nunca se me olvidaba. Siempre estaba allí.

De la misma manera, la vida nos pide que absorbamos; absorber las experiencias y los momentos. Por ejemplo, algunas veces cuando estaba en las montañas o navegando mar adentro, se me aparecían poemas. Ahora ya no escribo poesía, pero durante los últimos veinte años, algunos poemas vinieron a mi mente. No me explico de donde vinieron pero estos poemas debieron venir de alguna fuente. Yo nunca traté de que aparecieran. Ahora puedo resumirles mi filosofía en un poema. De hecho hace como cinco o seis años, alguien me animó a escribirlos en un libro llamado Ritmos de Vida. Hasta ese momento nunca los había escrito ya que no tenía la necesidad porque los tenía en mi memoria.

Un día alguien me preguntó, “Bien, ¿qué pasará si usted muere y no han sido escritos?” Este poema resume mi filosofía. Como he vivido cada día desde que acepté la idea de que no hay límites en lo que pueda lograr hacer o en lo que pueda llegar a ser. El poema se llama “La canción del guerrero”. Este poema se me ocurrió cuando estaba en el lago Trampa de Oso, que queda a 3,500 metros sobre las faldas orientales de las Sierras. El lago tendría unos cuatro acres rodeado de árboles. Una mañana mientras salía de mi bolsa de dormir, justo cuando el sol aparecía sobre la cordillera. Avanzaba por el bosque como una onda de agua. La onda de luz alumbraba las flores silvestres y luego alcanzó las nieves eternas del extremo norte.


 Fuente: www.usatupc.com

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