miércoles, 22 de septiembre de 2010

El duro camino del emprendedor... pues eso sólo es el principio

La tarea de transformar una idea en un negocio es, efectivamente, complicada. Planificación, proyecciones económicas, estudios de mercado, captación de fondos, inversiones en equipamiento, buscar proveedores, colaboradores, en algunos casos, trabajadores. El emprendedor ha de cubrir todos esos frentes y todo ello con un alto grado de incertidumbre ya que no tienen referencias reales que confirmen que las decisiones tomadas son las adecuadas.

Sin embargo, y a pesar del alto grado de dificultad que entrañan todas estas tareas, lo realmente complicado llega cuando todo se pone en marcha. Cuando las proyecciones económicas empiezan a fallar, cuando el mercado no se comporta como habíamos estimado y las ventas son mucho más bajas, cuando el equipo no funciona como habíamos pensado o los proveedores no cumplen con lo acordado.

A veces, el problema no es porque la situación sea negativa, sino todo lo contrario. Podemos habernos quedado cortos en la planificación de las ventas y que el negocio funcioné mejor de lo previsto, eso nos puede obligar a tener que plantearnos contratar más personal, comprar más maquinaria para producir más, renegociar las condiciones con los proveedores al aumentar el volumen de compras, etc.

La cuestión es que, si bien, durante la fase de emprendimiento la toma de decisiones se puede hacer a otro ritmo y ese ritmp lo marcamos nosotros, cuando la empresa está funcionando, muchas de esas decisiones debemos tomarlas en tiempo real, no hay margen a aplazamientos, porque la empresa no puede pararse.

Muchas veces, el emprendedor echa “toda la carne en el asador” para poner la empresa en funcionamiento y, sin embargo, no es consciente de lo que viene luego y se relaja pensando que ya está todo hecho y que las previsiones se van a transformar, como por arte de magia, en realidades, en beneficios.

Es muy posible que el corto recorrido de las pymes españolas tenga mucho que ver con esta mentalidad. El pensar que la meta del emprendedor es crear su propia empresa y no darse cuenta de que después de eso comienza, verdaderamente, el camino, y que si hasta ese momento las cosas son difíciles, después lo serán más.

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