lunes, 26 de julio de 2010

¿Qué es ser emprendedor? ¿Y cómo empezar a serlo?

Ser emprendedor es algo más que una profesión o una forma de ganarse la vida.
Ser emprendedor es una forma de ser y de sentir, es un estilo de vida, es apostar por ser diferente.
Ser emprendedor no es tener la obsesión de hacerse rico rápidamente, sino de hacer por uno mismo aquellas cosas que creemos necesario hacer. Y si hacemos las cosas bien, el dinero vendrá por añadidura.
Ser emprendedor es tener iniciativas, imaginación y una gran vida interior.
Ser emprendedor es apostar cuanto se tiene por nuestra idea, porque para el emprendedor es preferible morir de pie que vivir arrodillado.
Ser emprendedor es no tener miedo al fracaso, porque el fracaso forma parte de la vida del emprendedor, y todos los emprendedores hemos fracasado en nuestros emprendimientos un buen puñado de veces hasta conseguir el éxito. Porque el fracaso es un ingrediente obligatorio del éxito, y forma parte de la experiencia que es necesario acumular antes de triunfar.
El emprendedor camina solo porque va siempre por delante, abriendo nuevos caminos, inmune a las críticas de los demás. Por eso debe estar dotado de una gran fortaleza moral para vivir en soledad, porque generalmente es un incomprendido.
El emprendedor nace, y eso se le nota porque ya desde pequeño es un rebelde que no se atiene a lo establecido, queriendo hacer las cosas a su manera.
Pero, en muchos casos, el emprendedor también se hace. Especialmente cuando llega a comprender que está malgastando su vida viviéndola como los demás le han dicho que debe hacerlo, trabajando en lo que no le gusta, obedeciendo por un sueldo de miseria a un jefe inepto o despótico que tiene en su mano contratarle o despedirle cuando le apetezca, convirtiéndose así en el dueño de su vida.
Así que cuando llegues al convencimiento de que no eres feliz con tu trabajo o tu profesión, cuando te levantes de malhumor y sin ilusión, cuando tus sueños sean más fuertes que la realidad que te rodea… posiblemente estás maduro para convertirte en emprendedor.
Y si ese es tu caso, te voy a proponer un plan de acción.
Coje papel y lapiz y, a solas contigo mismo, ponte a escribir y describe lo que quieres hacer con tu vida.
Y en ese escrito deberías incluir, al menos, los siguientes cinco puntos:
1.- Por qué quieres cambiar tu vida.
Pon por escrito tus más íntimos sentimientos, y ¡por Dios! sé sincero contigo mismo. Escribe como si lo estuvieras haciendo para tu mejor amigo, ese amigo del alma al que quieres profundamente y con el que no tienes secretos, ese amigo que, cuando reciba esa carta, la va a leer con toda la atención y el cariño del mundo.
Porque ese amigo para el que estás escribiendo eres tú mismo.
Es muy importante que detalles lo que ya no te sirve y quieres eliminar de tu vida, lo que te sobra, lo que te estorba, lo que ya no aguantas más. Eso que si mañana por la mañana hubiera desaparecido de tu existencia como por arte de magia, te haría sentirte inmensamente feliz.
2.- Qué pretendes conseguir.
Pon por escrito tus deseos más profundos, esos que realmente te empujan a cambiar tu vida.
Ten en cuenta que en este punto estarás haciendo visible una parte muy importante de tu inconsciente, y es enormemente importante poner por escrito esos deseos que nunca nos hemos atrevido a confesar en voz alta. Porque de alguna manera, ya estás empezando a materializar esas ideas que llevan tiempo dando vueltas por tu interior.
No analices excesivamente lo que escribes, déjate llevar por tus instintos, escribe todo lo que quieras, sin censuras ni limitaciones, porque esa carta es solo para ti.
Pero permíteme que te haga algunas recomendaciones:
Expresa lo que quieres en positivo, evita las frases negativas en las que aparezca la palabra “no”. Cambia la expresión y en lugar de “no quiero tal cosa” escribe “deseo tal cosa”.
Sé concreto, describe lo que deseas como si ya se hubiese realizado, imagina lo más nítidamente que puedas cómo te sentirías si ya lo hubieras alcanzado.
No utilices a otras personas. Cada uno tiene su vida, y tú no tienes derecho a inmiscuirte en la de ellos. Así céntrate en tus deseos, porque lo que quieres es cambiar tu vida, no la de otros.
Recuerda que tu insconciente es como un niño, te escucha mejor si le hablas con humor, con emociones, con ilusión, con ternura. Como si estuvieras contando en un cuento lo que va a ser tu nueva vida.
3.- Establece los recursos necesarios para conseguir tus deseos.
Es evidente que debes ser realista, y establecer de una forma objetiva tu situación. Así que no te engañes, ni por exceso ni por defecto.
Haz un análisis objetivo de los recursos con que cuentas para conseguir tus planes. Recursos tanto internos (lo que sabes, lo que eres) como externos (los medios materiales que tienes a tu disposición).
Y como siempre suele suceder, si haces un análisis riguroso te darás cuenta de que aunque cuentes con pocos medios materiales (externos) sí que tienes muchos internos y muy valiosos (ilusión, entusiasmo, creatividad, coraje, empatía, inteligencia, etc.)
No menosprecies tus recursos internos ni les quites importancia, porque suelen ser mucho más valiosos de los que nosotros mismos pensamos.
Y de entre todos ellos hay un recurso que puede ser positivo o negativo, aunque eso no suele depender de ti. Me refiero a la actitud de las personas de tu círculo más íntimo: tu pareja, familiares, amigos, etc.
Sin embargo, y por experiencia propia, lamento decirte que su actitud suele ser, generalmente, negativa.
“Es una locura”, “no saldrá bien”, “tu no eres un empresario ni nunca lo serás”, “la seguridad te la da un empleo fijo”, y muchas otras son las frases con que quieren destruir tus sueños aquellos que más obligados estarían a ayudarte. Pero esa es la triste realidad.
Así que si intuyes que esa va a ser su reacción, guarda tus sueños para ti, y no los compartas con ellos, porque no te entenderían.
Y un último recurso, aunque enormemente potente, es tu imaginación. Utilízala “a tope” para que te aporte novedosas ideas sobre cómo conseguir más recursos, colaboradores, nuevas ideas, etc.
Con esa lista en tu mano, verás que empieza a parecer más sencillo conseguir tus objetivos.
4.- Fija el plazo para su consecución.
Establece un plazo concreto, dentro de lo razonable, para alcanzar tus sueños, y ya verás como empiezas a sentirte mejor. Porque una vez fijado el plazo, has establecido un compromiso contigo mismo. Y el tiempo comienza a correr.
Así que ya solo queda… ponerse en marcha.
5.- Formaliza tu compromiso y fírmalo.
Para que tenga fuerza tu escrito debes comprometerte contigo mismo y con lo que has plasmado en el papel. Porque si no lo firmas no habrás contraido un compromiso moral con tu yo más íntimo.
Firmar este documento implica que eso es lo que más anhelas en este mundo, que esos son “tus” deseos, y que, en consecuencia, eres tú quien se compromete a hacerlos realidad.
Pero sobre todo representa que confías en que lo lograrás, que confías en ti. Porque cuando tu insconciente compruebe que hay compromiso y determinación en tu proyecto, se pondrá en marcha para ayudarte a conseguirlo. Porque así es como funciona nuestro subconsciente.
Unas recomendaciones para terminar.
Si realmente no crees que lo conseguirás, no hagas el escrito ni lo firmes. Porque estarías jugando con tus propias expectativas. Sé honesto y realista contigo mismo.
Es evidente que el simple hecho de escribir ese documento no cambiará tu vida. Es solo un documento de intenciones y un compromiso contigo mismo, pero eres tú, con tu esfuerzo el que tiene que alcanzar esos logros.
El escrito no es más que el diseño de la estrategia, la “hoja de ruta”, pero el camino debes transitarlo tú, cada día, paso a paso, sin perder de vista tu objetivo.
Porque, a fin de cuentas, el cambio que quieres hacer con tu vida no es más que:
Percepciones y actitudes positivas trabajando en una misma dirección.
Movidas por un fuerte deseo.
Y con el apoyo de todo el poder de tu subsconciente al que has programado con ese escrito.
Conserva ese documento contigo permanentemente, en tu cartera, en tu mesa de noche, en tu zona de trabajo, en el espejo del baño, donde la puedas leer con frecuencia, pero no la compartas con nadie, porque serán muy pocos los que te entenderán y apoyarán.
Léealo frecuentemente, al menos cada mañana y cada noche, antes de dormir.
Si mantienes tu deseo permanentemente en tu imaginación, comenzará a funcionar la “ley de atracción”. Porque “cuando deseas algo ferviéntemente, todo el Universo conspira para que lo logres.”

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