lunes, 26 de julio de 2010

El entusiasmo y el emprendedor

La palabra entusiasmo proviene del griego y significa tener dentro de sí la inspiración divina.

Para los griegos, la persona entusiasta era aquella que había sido poseída por los dioses y era guiada por su fuerza y sabiduría. Y por ese motivo, esa persona podía transformar la naturaleza que le rodaba y hacer que ocurrieran cosas.

Hoy día, todos sabemos que eso no es cierto, pero también estamos convencidos de que las personas entusiastas son capaces de vencer los desafíos de lo cotidiano. Por lo tanto, es necesario entusiasmarse para resolver los problemas que la vida nos plantea y así poder crear una nueva situación.

El entusiasmo no es una cualidad que se construya por sí misma o que se desarrolle por un esfuerzo de voluntad. Es un estado de fe, de afirmación en uno mismo y sus posibilidades.

La persona entusiasta es aquella que cree en su capacidad de transformar las cosas, cree en sí misma, cree en los demás, cree en la fuerzo que tiene para transformar el mundo y su propia realidad. Está impulsada a actuar en el mundo, a transformarlo, movida por su fuerza interior y el convencimiento en sus acciones. El entusiasmo es lo que le da una nueva visión de la vida.

Y todo ese entusiamo es la principal característica del emprendedor.

Pero no debemos confundir entusiasmo con optimismo. Optimismo significa creer que algo favorable va a ocurrir, incluso desear que ocurra. Es ver el lado positivo de las cosas, es una postura amable lante los hecho que ocurren.

En cambio, el entusiasmo es acción y transformación, entusiasmo es movimiento.

Sólo hay una manera de ser entusiasta: actuando con entusiasmo.

Si tuviéramos que esperar tener las condiciones ideales, para luego entusiasmarnos, jamás nos entusiasmaríamos por nada, pues siempre tendríamos razones para no entusiasmarnos.

No son las cosas que van bien lo que nos entusiasma; es el entusiasmo el que impulsa a hacer bien las cosas.

Hay personas que se quedan esperando que las condiciones mejores, que llegue el éxito, para luego entusiasmarse, pero la verdad es que con esa actitud jamás se entusiasmarán por nada.

Si creemos que es imposible entusiasmarnos por las condiciones en que nos tocó vivir, lo más probable es que jamás salgamos de esa situación. Porque el entusiasmo es el motor que pone en funcionamiento nuestra creatividad, nuestra imaginación, nuestra fuerza vital, nuestro deseo de progresar… ¡nuestro espíritu emprendedor!

Es necesario creer en uno mismo y en nuestras posibilidades, en nuestra capacidad de hacer, de transformarnos a nosotros mismos y transformar la realidad que nos rodea.

Dejar a un lado toda la negatividad, abandonar el escepticismo, dejar de ser incrédulo y comenzar a entusiasmarnos con la vida, con las personas y las situaciones que nos rodean y… ¡por supuesto que sí!, con uno mismo.

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