viernes, 4 de junio de 2010

Perfil de riesgo y la decisión de emprender


Ser “emprendedor” es una actitud mental, una postura ante la vida, y no un estatus laboral o contractual. Podemos serlo trabajando por cuenta ajena e incluso dentro de la Administración, en la medida que nos dejen y/o nos empeñemos.

En cualquiera de los casos, lo que define mejor a un “emprendedor” es su actitud ante el riesgo. Si tuviera que sintetizar en un solo atributo lo que significa, el factor que más lo distingue, diría que es su capacidad para soportar un nivel de riesgo superior a la media.

OJO, no estoy diciendo que “amen” el riesgo como suele afirmarse sino que lo gestionan mejor, que su “perfil de riesgo” es significativamente menos conservador de los que no lo son. Y eso vale también para intraemprender porque en organizaciones grandes, el empleado asalariado que es emprendedor se atreve con “empresas” de mayor riesgo que el resto.

Por cierto, alguien me pedía por Twitter que definiera lo que yo entiendo por “riesgo”así que ahí va: Miedo percibido de que algo te puede hacer daño o perjudicar de un modo significativo. Siendo así, los miedos son a menudo justificados e incluso sanos, no los subestimemos. Son parte ancestral de la capacidad de adaptación de cualquier especie, y por eso… de individuos temerarios están llenos los cementerios.

@Yoriento defiende la idea de que para emprender no hace falta sacrificar tanto, porque puede ser una fuente de diversificación. Me gusta su propuesta de no ser maximalistas cuando dice que “no tienes que dejarlo todo”, y sugiere abordar la cuestión como una faceta más en tu vida. Por ejemplo, puedes asegurarte un mínimo de ingresos trabajando para otros, y “emprender” en tu tiempo libre.

Pero yo pienso que al final, si no corres algún riesgo significativo (del tipo que sea), si no te juegas algo en la faena, eso no es “emprender”.

Está clarísimo, los emprendedores asumen un montón de riesgos, y los más jodidos no son los económicos, sino los emocionales. Y me consta que los buenos, los más innovadores, no se arrugan a la hora de jugarse eso tan delicado que llamamos “reputación”, y que esta sociedad gestiona de un modo tan cruel e hipócrita.

De modo que ser emprendedor es algo para tomárselo en serio, no basta con un simple “empieza, arremángate y ya”, como escuché el otro día. Siempre serán una minoría, una “raza” especial, y no habría que dar tanto la vara a la gente para que lo sea como modelo universal de realización personal.

Lo primero que tenemos que hacer es conocernos bien, hurgar en nuestros deseos más profundos, entender el “perfil de riesgo” en el que habitualmente nos sentimos cómodos (es decir, sin un estrés excesivo), y entonces obrar en consecuencia con nosotros mismos.

Al final, como siempre, es una cuestión de “costes de oportunidad”: ¿El tiempo y sacrificio que pretendes dedicar a la futura empresa compensa lo que te vas a perder? ¿A qué le das mayor importancia en ese preciso momento en que vas a tomar la decisión: carrera profesional, familia, amigos, salud, ingresos, desafíos, estabilidad?

Insisto, en este preciso momento, porque la vida funciona por ciclos y puede apetecerte ser emprendedor en unos momentos más que en otros. Hay estadios en que “lo-que-tienes-que-dejar-de-hacer” para emprender es muy tentador, tiene mucho valor, y no compensa. Y en otros donde las alternativas molan menos, así que sacrificas poco si emprendes.

No nos dejemos llevar por las modas, ni las comeduras de coco. Es bastante posible que seas mucho más feliz siendo funcionario, trabajando por cuenta ajena o atreviéndote a ser autónomo pero sin empleados. Todas esas opciones tienen sus pros y sus contras que cada cual debe evaluar sin condicionamientos externos, y partiendo siempre del patrón de personalidad de cada cual.

Lo que sí es verdad es que vale la pena pensar en ser emprendedor como una opción más, meterlo en el menú de posibilidades, porque a veces ni nos lo planteamos.

Fuente: Blog de Amalio Rey www.amaliorey.com

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