Cargando...

viernes, 4 de junio de 2010

El valor de la independencia

El marketing propulsado por instituciones, y los proyectos que dependen exclusivamente de financiación de entidades públicas o privadas, pueden ayudarte a crecer rápido, pero suele ser falso y efímero. Pan para hoy, y hambre para mañana.

Mi argumento de hoy es que los primeros pasos, y la masa crítica de trabajo inicial, han de ser autónomos, sin dependencias.

Repito la etiqueta que me he inventado: masa crítica de trabajo inicial, y que quiere decir: Trabajo que se necesita para llevar el proyecto/idea a un punto de no-retorno, a un punto en que se va a hacer vengan los recursos de donde vengan.

¿A qué viene esto? Pues mira, antes iba a hablar con instituciones para contarle mis ideas y que las hicieran suyas. Pero es que “hacerlas suyas”, cuando ocurría (soy un pésimo evangelista en entornos burocratizados y formales, la cago siempre), implicaba un peaje enorme, una pérdida inaceptable de identidad del proyecto.

Contaba mi historia/proyecto al funcionario de turno, y siempre acabábamos en lo mismo: “Yo financio pero pongo las condiciones”, que suelen ser minucias como éstas:

  • Logos nuestros por todas partes, y manual de identidad corporativa por un tubo (olvídate de las personas, la mega-identidad institucional suprime las personitas, chupa cámara)
  • Lanzamiento de la iniciativa a bombo y platillo con el “plan de venta” que yo te diga
  • Discurso del aburridísimo político de turno para inaugurar el evento y sacarse la foto que no puede faltar (aunque se pire al ratillo a otros menesteres)
  • Censura de contenidos para vigilar y uniformar la imagen institucional
  • Imposición de ponentes superfluos en tu agenda, es decir, “expertos”, gurúes y cargos públicos de la órbita oficial que van a contar sus batallitas cargados de estadísticas vacías, y un entusiasmo que duerme a las ovejas
  • Lógica unopuntocerista en la organización de todo, incluido generoso ejercito de azafatas, flashes, corbatas, etc.

Ahora digo “Pues no, no me interesa”. He aprendido que si quieres hacer algo bueno debes avanzar todo lo que puedas por tu cuenta, siguiendo dinámicas bottom-up, basadas en personas, para que si tienes que ir a buscar ayuda financiera a alguien, que sepa que lo tuyo es algo “ya hecho”, y que se va a hacer te ayuden o no, y que gracias a eso, este equipo de personas (los que hemos curra’o) mantiene el control.

¿Te apuntas? OK, pero que sepas que este proyecto NO es tuyo, es de “nosotros”. Si te portas bien (es decir, respetas), si ayudas de verdad, lo mismo hasta puedes ponerte unas medallitas.

El enfoque contrario cada vez me gusta menos, y yo mismo lo adopté durante bastante tiempo, pero desde entonces he aprendido mucho. Me iba primero a una entidad pública a contar el proyecto para ver si financiaban por adelantado nuestro trabajo. Pero era solo una idea, así que estaba entregado. Ahora solo voy con “cosas hechas”, cosas avanzadas, que me otorguen un mínimo poder de negociación para preservar mi independencia.

Esto no quiere decir que diga “no” cuando me invitan a participar en proyectos públicos. Ni que me niegue a presentar ofertas a una entidad que me lo pida expresamente. Somos una empresa (pequeña), y tenemos que facturar (aunque poco). Si me gusta la idea, OK, estoy encantado. Pero esos proyectos los lideran otros, ellos ponen las reglas de juego, y yo las asumo o no si me gustan. Me pagaran por ello (o no), y yo intentaré hacer mi trabajo lo mejor que pueda.

El centro son las personas, y por eso, el otro mensaje que quiero subrayar hoy es que necesitamos cada vez menos las instituciones para hacer cosas valiosas.

Podemos liderar el cambio, empujar el carro entre Manolo, María, Pedro, Inés, Alberto, Nati, Julián, José Miguel, Pablo, Idoia, Luisa y todos los que se identifiquen con la idea. Tenemos las herramientas para organizarnos y para montar un pollo de mucho cuidado. ¿quién lo puede impedir? ¿necesitamos realmente que nos financien las ideas desde el inicio? Podemos avanzar mucho por nuestra cuenta, y ganarnos así que se nos respete.

Pero insisto siempre en lo mismo. Las redes bottom-up se basan en la calidad y no en la cantidad. Es una cuestión de confianza, y ese es un activo que crece lento. Sin prisa, pero sin pausa. Si buscas atajos que te lleven rápido a números mediáticos, ten por seguro que lo vas a desvirtuar todo.

No propongo recetas absolutas. Sé que el cambio es una mezcla de utopía y realismo. Si necesitas (¡¡de verdad!!) el apoyo financiero de una institución, puede convenir buscarlo, y ceder a cambio en algunos puntos. Pero ya verás, si lo haces al principio, estás perdido/a.

Insisto y vuelvo a insistir, soy un pesa’o, vale… avanza todo lo que puedas sin losas de dependencia, siguiendo lógicas P2P que activen dinámicas de autofinanciación, construyendo algo que cuando lo presentes dé la impresión que se va a hacer “de todas, todas”, quieran ellos apoyarlo o no.

En esas condiciones, la arrogancia se achica, la sensatez aflora y queda todavía espacio para la conversación. Las instituciones saben bien cuándo y a quién apretar, incluso aunque todo se reduzca a meros intereses, como sabemos.

El marketing propulsado por instituciones, y los proyectos que dependen exclusivamente de financiación de entidades públicas o privadas, pueden ayudarte a crecer rápido, pero suele ser falso y efímero. Pan para hoy, y hambre para mañana.Mi argumento de hoy es que los primeros pasos, y la masa crítica de trabajo inicial, han de ser autónomos, sin dependencias.

Fuente: Blog de Amalio www.amaliorey.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada